El Origen
La paradoja de la existencia: nada está separado
No elijo.
Elijo no elegir.
Entre lo que sube y lo que cae
ahí existo.
En mí (con todo) se abre el principio,
que no se fragmenta
y sostiene el juego.
Soy quien mira sin condena
y siente sin huir;
la que recuerda, incluso,
que el olvido fue necesario.
Amo, todavía con medida
(ya por poco tiempo),
lo que se disfraza:
suplicar, rechazar,
creer, buscar…
Reúno todos los anhelos
en un único pulso,
porque sé que mi conciencia
atraviesa la forma.
Que la oscuridad que proyecta la luz
no sea resignación,
sino presencia.
Que el jugador que Yo Soy
muestre su melodía,
danzando en la paradoja
de esta breve partida.
Desde el centro sin nombre,
en la quietud que no necesita testigos,
me inclino,
ya no para invocar lo sagrado,
sino para honrar
al Uno.
Yolanda Gutiérrez
Deja que el poema te encuentre
