Rutina sagrada
Poema sobre la rutina diaria y la belleza en lo cotidiano
La cortina
Muevo la tela.
No hay estrépito,
solo el roce leve
de un límite que cede a la luz.
Afuera, el mundo comienza,
pero aquí dentro
un rayo se detiene en un objeto que guarda memoria;
la claridad se adhiere al contorno
de este nuevo día.
La belleza cabe en este gesto.
Me rindo a la generosidad del sol
para honrar su cuidado.
La cama
Mientras estiro la sábana,
acaricio
una parte de la mitad de dos vidas.
Los pliegues se ajustan,
el aire queda encerrado,
la forma de nuestros cuerpos
se borra despacio.
En ese orden íntimo
titila la certeza
de que la existencia necesita reordenarse
para regresar a la armonía.
El té de la mañana
El agua hierve,
levanta un aliento nítido
que empaña el vidrio.
El vapor asciende,
como si la primera hora
tras el descanso
insistiera en volver al cielo.
Lleno la taza.
Al sostenerla en las manos
recuerdo
que el calor también es cobijo,
y que el confort se afina
en un simple sorbo.
La hoja de té se abre,
nutre la paz que ofrece
esta rutina tan conocida,
donde continúo…
